sábado, 25 de noviembre de 2017

Vanguardia - Literatura de Vanguardia en la Argentina 1920 en adelante

VANGUARDIA ARTÍSTICA:

DEFNICIÓN



GRUPOS FLORIDA Y BOEDO:








GRUPO FLORIDA:







GRUPO BOEDO:





OLIVERIO GIRONDO:





ROBERTO ARLT




LAS VANGUARDIAS LITERARIAS
El término vanguardias surge en Francia durante los años de la Primera Guerra [1914-1917]. Su origen está precisamente en el vocablo francés avant-garde, término de origen militar y político, que venía a reflejar el espíritu de lucha, de combate y de confrontación que el nuevo arte del siglo oponía frente al llamado arte académico.
Las vanguardias son una serie de movimientos artísticos que se producen en Europa e Hispanoamérica desde comienzos del siglo XX y que alcanzaron su esplendor a partir de la Primera Guerra Mundial (1914).


Las vanguardias, por tanto, fueron movimientos que buscaron y concibieron nuevas formas de creación artística y literaria.
Nacen de una necesidad de ruptura con lo tradicional.
Todas ellas pretenden la renovación de la literatura en sus temas y su estilo.
CARACTERÍSTICAS
. Fascinación por la técnica y los avances tecnológicos.
Experimentación con nuevos temas y formas de expresión.
Concepción de la literatura como algo lúdico (juego formal).
Está destinada a aquellos que fueran capaces de comprenderla.

La provocación, en muchos casos, contra las normas sociales establecidas.


 Propósito de las vanguardias:

Renovar radicalmente el arte (pintura, escultura, música, arquitectura, literatura, etc.) rompiendo con la estética anterior, sobre todo con la REALISTA.

VANGUARDIA ARGENTINA:

Florida y Boedo
Los escritores argentinos de principios del siglo XX, conocidos como la vanguardia
del ’20, compartieron el espíritu de una época más que la adscripción a una corriente
estética. Los cambios producidos en la sociedad a partir del desarrollo de las ciudades
y la tecnología influyeron en ellos. La modernización en las comunicaciones y en los
medios de transporte facilitaron los viajes a Europa y, de esta manera, los artistas americanos
entraron en contacto con el espíritu de las vanguardias europeas.
Fue así como el Ultraísmo, movimiento de origen español introducido por Jorge
Luis Borges, influyó en la producción literaria de nuestro país. El Ultraísmo pretendía
comunicar estados y sensaciones, por lo que rechazaba cualquier línea argumental,
cualquier anécdota. En cuanto a lo formal, privilegiaba la metáfora y las formas libres y
asonantes. La poesía fue su forma natural de expresión.
Por otra parte, durante la misma época se desarrolló una poesía de mayor contenido
social, que reflejaba las voces de la gente común. Así, ambas corrientes —la que recibió
la influencia del Ultraísmo y la que se inclinó por expresar una problemática social—
estuvieron representadas en nuestro país por dos grupos: Florida y Boedo.
GRUPO FLORIDA
El grupo de escritores que lo integraban se reunían en  una famosa y elegante confitería ubicada en esa calle de la Capital Federal. Difundían sus creaciones a través de la revista “Martín Fierro”.
Por esa razón también se denominaban “martinfierristas”. A este grupo pertenecían, entre otros,
Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Raúl González Tuñón, Norah Lange.
Buscaron la ruptura de los esquemas poéticos fijos, una sonoridad que no apelara a la rima fácil y la renovación de los recursos poéticos. En este último aspecto, privilegiaron la metáfora, es decir, la traslación del significado de un término a otro, en la búsqueda de asociaciones poco comunes.
Por otra parte, también incluyeron en sus poesías términos provenientes del habla cotidiana de la ciudad o de los ámbitos rurales con la intención de revalorizar el lenguaje americano junto con temáticas nacionales, como el arrabal porteño en el caso de Borges.

GRUPO BOEDO:
 Se reunían en  la sede de la editorial Claridad, ubicada en la calle Boedo al 800.
Sus publicaciones periódicas eran de orden político más que estético.
Tenía como objetivo mostrar y denunciar las injusticias de la vida que afectaban a los
sectores más pobres.
Los escritores de Boedo expresaron su postura por medio de afiches que pegaban en las
calles o notas editoriales. Dos de estos se consideran significativos. El primero, un afiche
firmado por Leónidas Barletta y Nicolás Olivari, expresaba su adscripción al realismo porque, tal como ellos mismos sostenían: “Tenemos la convicción de que la literatura para el pueblo debe ser sincera, valiente”. Y concluía: “Nuestro lema es continuar haciendo la revolución en los espíritus”.
Para los escritores de Boedo la literatura no era un entretenimiento pasajero ni un elemento decorativo; era un medio para trasmitir las ideas revolucionarias; debía utilizarse para transformar la realidad en la que estaban inmersos, al mismo tiempo que mostraba las injusticias y los sufrimientos de los sectores más pobres. Su preocupación residía, y en esto se diferenciaban del realismo, en cómo hacer más efectiva a la literatura

Mientras que el nombre de Florida representaba la elegancia y la superficialidad, el de
Boedo pretendía practicar la literatura como instrumento revolucionario. Durante mucho
tiempo, se consideró que ambos grupos estaban enfrentados de manera irreconciliable.
En las páginas de sus publicaciones se podían leer burlas en forma de epitafios o críticas despiadadas a los autores del otro grupo. Sin embargo, esta rivalidad no fue tal. Muchos de los escritores vinculados políticamente con Boedo frecuentaban las tertulia del grupo de Florida o publicaban en la revista Martín Fierro
Los miembros de Florida y Boedo eran principalmente jóvenes escritores, poetas, dramaturgos y ensayistas que desarrollaron su obra en la primera mitad del siglo XX.

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ROBERTO ARLT:

Escritor argentino nacido en Buenos Aires el 2 de abril de 1900, hijo de inmigrantes alemanes e italianos. No completó una educación formal pero se dedicó a escribir y leer a los escritores rusos desde muy joven. Estuvo un tiempo en la Escuela Mecánica de la Armada, pero lo expulsaron. Más tarde se dedicó a diferentes oficios, desde vendedor de libros hasta jornalero en el puerto.
Como muchos escritores de su época, colaboró con diferentes periódicos de Buenos Aires. Sus Aguafuertes porteñas (artículos de costumbres) aparecieron con regularidad hasta convertirse en un clásico de la literatura argentina. En su escritura se refleja el mundo de los suburbios pobres, conformado por las olas de inmigrantes europeos, en una época de gran prosperidad económica para Buenos Aires.
Su prosa se caracteriza por el uso de un lenguaje popular, poco elaborado, en oposición a otros escritores argentinos de su época. Su estilo ha sido predominantemente realista con tendencia a la crónica. Sus temas, también diferentes a las preocupaciones de Borges, se centran en los problemas psicológicos y sociales de su tiempo. Sus personajes representan principalmente hombres y mujeres marginales de su sociedad, alienados por la pobreza y el caos metafísico de la vida urbana moderna.




Hoy en día es considerado como uno de los escritores más importantes de la literatura iberoamericana del siglo XX.

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