LAS CRÓNICAS DE INDIAS
* DONDE ESTÁ SUBTITULADO ZOMBIE DEBE DECIR SÚBDITOS
PARA TENER EN CUENTA:
¿Qué es una crónica?
¿Qúe son las Crónicas de Indias?
¿Cuándo surgen las Crónicas de Indias?
¿Quiénes escribían Crónicas de Indias?
¿Qué relataban las Crónicas de Indias?
Las Crónicas de Indias, ¿daban cuenta de la realidad, de la fantasía o combinaba ambos aspectos?
Los indígenas que aprendieron
a escribir, ¿qué tipo de crónicas relataron?
¿Qué tipos de Crónicas de Indias se mencionan en uno de los videos?
¿Qué relación tienen las Crónicas de Indias con la Literatura Latinoamericana?
CRÓNICAS DE INDIAS
Los viajes de Colón estuvieron guiados por un interés
económico: encontrar una ruta hacia el sur de Asia. Lo que no sabían en aquella
época es que existía el océano Pacífico, por eso Colón creyó que estaba en las
Indias Orientales cuando llegó a nuestro continente.
El continente que se llamaría América era un nuevo y
desconocido territorio para los europeos, poblado por personas con una
fisonomía diferente de la de ellos, que hablaban lenguas diferentes de las de
ellos y que tenían una cultura diferente de las de ellos. Diferente no implica
ningún juicio de valor. Lástima que los conquistadores no lo entendieron así… y
en vez de respetar las diferencias, intentaron eliminarla. En esa lucha
desigual entre el europeo invasor y el nativo mucho se perdió: vidas, lenguas,
cultura.
Muchos de los que llegaron a estas tierras escribieron notas
sobre lo que encontraban, sobre lo que iba sucediendo; a esos textos se los
llama crónicas de Indias porque relatan hechos en orden cronológico, es decir,
en sucesión temporal y porque ellos creían que habían llegado a las Indias
Orientales. Las crónicas son similares a los diarios pero estos son más
subjetivos porque el autor/narrador es el protagonista que va relatando los
hechos a medida que suceden y registrando las emociones. Las crónicas estuvieron
de moda en la Edad Media y sirvieron de fuente de información para la
historiografía, la ciencia que se ocupa de narrar la historia. La mayoría de
los cronistas de la época de la conquista y colonización de América eran
europeos y, por tanto, su testimonio no es neutral sino que presenta una visión
etnocéntrica. ¿Qué significa esto? Significa que miraron los hechos desde la
perspectiva europea, occidental y católica; una perspectiva que consideraba al
europeo-blanco-occidental-católico como el centro (el ombligo del mundo,
diríamos hoy) y al otro cultural y lingüístico como lo diferente, lo raro, lo
marginal. El etnocentrismo implica la creencia en la superioridad y,
consecuentemente, el derecho a dominar al otro. Quien asume una postura
etnocéntrica no es capaz de ponerse en el lugar del otro.
¿Las crónicas de Indias son textos literarios o textos
históricos?
Esta es una pregunta que puede tener varias respuestas
aceptables. Para empezar, tendríamos que definir qué es la literatura. Si
consideramos que la literatura se define por su caracter ficcional, es decir,
por ser un ámbito en el que los conceptos de real/verdadero y falso/mentira no
son aplicables porque el autor no tiene una pretensión de verdad, entonces las
crónicas no serían literatura ya que los cronistas pretenden dar testimonio de
los hechos. Sin embargo, las crónicas de Indias presentan muchas
características que son propias de la literatura como el estilo, que imita al
de las novelas de caballería de la Edad Media. Pensemos que los cronistas se
deben de haber sentido aventureros descubriendo esta nueva tierra exótica,
siendo participantes de un hecho histórico tan importante como el
descubrimiento de un continente… ¿no creen que se habrán sentido como los
personajes de las épicas y novelas que leían? ¿No creen que se habrán asombrado
y les habrá parecido fantástico todo lo que encontraron aquí: animales,
plantas, paisajes y costumbres que alimentaron su imaginación? No es raro,
entonces, que el estilo de sus crónicas se parezca al de los textos literarios
que circulaban en aquella época.
Fuente: “Hacia el verdadero Mitre: Las ficciones de la
historia,” Suplemento de cultura de Página/12. Buenos Aires. Marzo, 1992, pp. 8-9.
